jueves, 15 de marzo de 2012

Imágenes inéditas del Proyecto Manhattan


Son los diez primeros minutos que se pueden ver (aunque no escuchar) de un lugar que oficialmente no existió, en pleno desierto de Nuevo México, y al que sólo se podía acceder por una tortuosa carretera. Se trata del complejo de Los Álamos, la sede principal del Proyecto Manhattan, el colosal proyecto científico de Estados Unidos, Gran Bretaña y Canadá durante la Segunda Guerra Mundial para desarrollar la bomba atómica.

El Proyecto Manhattan se puso en marcha en agosto de 1942. Un par de meses después, el coronel Leslie Grooves, al mando del proyecto, nombró al físico Robert Oppenheimer como director del laboratorio que estudiaría el material más adecuado y el diseño más eficaz para el desarrollo de la bomba atómica. El lugar elegido para ello fue Los Álamos, en Nuevo México, a unos 50km de Santa Fe, la capital del estado.

En menos de un año, el Ejército construyó allí un enorme complejo de laboratorios y barracones que podían albergar a decenas de miles de personas. Durante los siguientes tres años desfilaron por allí científicos de la categoría de Enrico Fermi, Arthur Compton, James Chadwick, Niels Bohr, Otto Frisch, John von Neumann, Richard Feynman, Emilio Segré o Ernest Lawrence, varios de ellos ganadores del Premio Nobel, que formaron un equipo científico irrepetible.

El proyecto era ultrasecreto y contaba con la máxima prioridad en tiempos de guerra. Ninguno de los integrantes podía decir a sus familias y amigos dónde estaba y a qué se dedicaba. La correspondencia que éstos enviaban tenía como destinatario un apartado de correos de Santa Fe, Nuevo México. Y las cartas que escribían los miembros del proyecto eran revisadas y censuradas por las autoridades para evitar cualquier desliz. Incluso la mercancía que entraba en Los Álamos venía etiquetada como productos cotidianos para ocultar su verdadera naturaleza. (Richard Feynmann cuenta varias anécdotas deliciosas en su clásico ¿Está usted de broma, Mr. Feynmann?)

Cartel pidiendo discreción a los trabajadores del Oak Ridge Laboratory,
el llamado Site X (fuente)

Con el paso de los años, se han conocido muchos detalles de lo que allí ocurrió gracias al relato de algunos de sus protagonistas. Pero apenas había imágenes de aquella época. Hasta que hace unos días me encontré por sorpresa con este vídeo, publicado la semana anterior por el Laboratorio Nacional de Los Alamos, en el que se mostraban, por primera vez, algunas grabaciones inéditas que se habían hecho en aquella época. Al parecer, Hugh Bradner, un físico estadounidense que más tarde inventaría el traje de neopreno de los submarinistas, obtuvo el permiso del Ejército para realizar algunas grabaciones caseras.

En el vídeo se pueden observar varias escenas de la vida cotidiana de los científicos, en las que los vemos disfrutar de su (escaso) tiempo libre esquiando, jugando a tenis, de picnic en la playa o realizando excursiones a pie y a caballo. También podemos ver, en la parte final del vídeo, algunos momentos de la boda de Hugh y Marge Bradner.

Pero lo más interesante sin duda es poder contemplar por dentro el complejo de Los Álamos, cuyo nombre en clave era Site Y. Entre otras cosas, me ha llamado la atención “The concrete bowl”, un enorme tazón de más de cincuenta metros de diámetro que se llenaba de agua y donde los científicos hicieron algunas pruebas a pequeña escala de la bomba atómica. O cómo sacan de un barracón en una vagoneta unos bidones que, por el cuidado con el que los manipulan, sospecho que contendrían sustancias radiactivas, quizás plutonio. Y por último, una escena que, aunque no tiene nada de especial, me produce un escalofrío: los científicos a punto de dirigirse a la prueba de la primera bomba atómica, Trinity, en una zona remota de Alamogordo el 16 de julio de 1945.

Trinity, quince segundos después de explotar (fuente)

Y luego están los verdaderos protagonistas del Proyecto Manhattan, los científicos. De todos los que aparecen en el vídeo, figuras de primer orden que ayudaron a cambiar la historia, destacan especialmente tres: Robert Wilson, que llegaría a ser director del Fermilab durante once años (1967-1978), Hans Bethe, físico alemán exiliado y director de la división teórica, y, por supuesto, Robert Oppenheimer, el director científico del Proyecto Manhattan. También hay que destacar la aparición del capitán Deke Parsons, que tiene el dudoso honor de ser el artillero que lanzó la bomba atómica sobre Hiroshima.

En definitiva, un documento histórico muy curioso e interesante.

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